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El Frío nos hace solidarios |
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There are no translations available JOSEP MARIA Espinàs Hemos pasado unos días --especialmente uno-- en que el frío se ha presentado de repente, y para la mayoría de la gente ha sido una sensación poco agradable. No quiero decir que el frío no pueda ser la
causa de un intenso bienestar, que se produce en el momento en que salimos a la calle bien abrigados. Notamos el frío en la cara, pero al mismo tiempo notamos el placer que nos proporciona la camiseta gruesa, el jersey, el abrigo, la pieza de ropa que sea, y que nos ofrece esa agradable sensación que llamamos "calorcillo". Pasar de la calle a un local con calefacción también nos hace felices. A menudo, en ese momento, nos frotamos las manos, un gesto que no es indispensable para reaccionar, pero que tiene un valor simbólico. Nos frotamos las manos, instintivamente, parar expresar que nos sacamos el frío de encima, o como si aplaudiéramos el calor que nos recibe. Yo suelo ir un poco abrigado cuando todavía no es tiempo. No es extraño que me lo recriminen: "¡Dónde vas con esta chaqueta!". Los más jóvenes que yo, o sea casi todo el mundo, no han descubierto que la vejez es un proceso de enfriamiento. Las viejecitas de los cuentos siempre han sido dibujadas sentadas cerca del fuego. Y a menudo, a su lado, veíamos la figura del hijo que llegaba del campo y llevaba solo una camisa de lana. Pero, además de la edad, está el hecho personal. Hay gente friolera y gente calurosa. Esto provoca pintorescas pero serias discusiones. Compadezco a los restaurantes que deben luchar con las exigencias de unos clientes con distintas sensibilidades térmicas. En verano ocurre lo mismo. Hay quien dice: "¿Está seguro de que funciona el aire acondicionado?". Mientras que otro dice: "¿No podrían bajarlo un poco? Me estoy pelando de frío". Se cuenta una historieta sobre este problema. La del hombre que está comiendo en un restaurante con su mujer y su cuñada. Es una historia de antes de que hubiera aire acondicionado. La mujer pide al camarero que abra la ventana, porque se muere de calor. La cuñada, al cabo de un rato, le pide que la cierre porque se muere de frío. El amable camarero responde a las repetidas y contradictorias órdenes hasta que el hombre le dice: "Tenga la ventana cerrada para que se muera mi mujer, y luego téngala abierta hasta que se muera mi cuñada". La aparición de un frío repentino ha producido un fenómeno excepcional de unanimidad. Todo el mundo estaba de acuerdo. Era estupendo ver que coincidíamos en algo. Fuente: elPeriodico.com |